Marita Pérez Díaz
¿Qué es la comunicación? Como concepto agrupa casi una decena de definiciones. Pudiera ser el escrito breve en que se informa o notifica alguna cosa, quizás la acción y resultado de comunicar, o el conducto existente entre ciertas cosas o lugares, es decir, la comunicación entre ciudades. También se incluye como comunicaciones, los medios gracias a los cuales las personas se comunican o relacionan, como el correo, el teléfono y las carreteras. Así de compleja resulta la comunicación, como complicadas son también las teorías que tratan de explicar el fenómeno desde la investigación a través de las masas.
En la actualidad, considero se ha ido desplazando el término de comunicación para dar paso a otro que se adecue al modelo transnacional y oligárquico dominante: la Incomunicación. Este término acuña el nombre de la teoría de la Incomunicación, la cual conserva las características más negativas y a la vez más favorables a sus intereses de las teorías de la Mass Comunication Research (MCR). Pero para entenderla sería bueno aclarar algunos aspectos.
Los teóricos apuntan el carácter cíclico de las problemáticas de las investigaciones, es decir, pueden ponerse sobre la mesa aspectos que cobran vigencia momentáneamente. Como sabemos, la Teoría Hipodérmica, la primera de la MCR, surge en el contexto del peligro de las dos guerras mundiales, pero sobresale su carácter cíclico en momentos de extrema tensión. Por ejemplo, la situación de Honduras. Aquí se evidencia la acción manipuladora de las masas de gran cantidad de medios que apoyan el golpe, aunque siempre está la contrapartida de periodistas éticos que luchan por llevar al público una información, si no verdadera, al menos verídica.
La Teoría Hipodérmica tiene como principal elemento la existencia de una sociedad de masas, pero la considera como una masa amorfa, sin la complejidad de sus relaciones. Es una teoría de y sobre la propaganda, que tiene sus bases en el estudio de las causas y los efectos, además, la función de su discurso es mayormente apelativa, buscando un efecto en el receptor. La publicidad se basa en llegar al ‘blanco’ e ‘inocular’ el mensaje, de ahí el nombre de esta teoría. No debemos ser absolutistas, por lo tanto, señalamos que puede surtir un efecto positivo en condiciones extremas, si la sociedad necesita mantener un orden, una disciplina o si necesita conducir a la mayoría hacia un objetivo común lo más rápida y ordenadamente posible. Pero ojo, si se aplica como lo hacen los “incomunicadores”, puede llevar al caos y a la acción manipuladora, engañosa, al aplastante camino de una masa ciega que actúa por inercia, sin una clara definición entre el bien y el mal.
A partir de los años cuarenta surgen tres tendencias que superan a la Teoría de la Aguja Hipodérmica, estas son la corriente empírico-experimental o de la persuasión, la sociología empírica y la teoría funcionalista. En la corriente-empírico experimental se evidencia la primera experiencia de la investigación psicológica. Ya aquí se tienen en cuenta los rasgos de personalidad de cada individuo, y se basa en que la percepción humana varía de uno a otro, de acuerdo con sus intereses, sus actitudes, creencias y valores.
Esta teoría conduce al abandono de la teoría Hipodérmica y evidencia por vez primera la complejidad de las relaciones comunicativas, la comunicación no es un proceso lineal y unidireccional como en la hipodérmica. Destaca el papel activo del receptor. Sin embargo, sus dificultades fundamentales se derivan de los experimentos de laboratorio, se obvian los vínculos interpersonales, estudia los efectos a corto plazo y se centra solo en situaciones de campaña electoral, propagandística. Aquí también se buscan efectos deseados por el emisor, promovidos casi siempre por instituciones de cierto poder y autoridad. Ya no se manipula abiertamente, sino que se disfraza de una persuasión que para mí significa lo mismo: una desvergonzada manipulación con elevados estudios psicológicos aplicados, de manera que la masa piense que no está siendo manipulada.
Paralelamente se desarrollan los estudios empíricos o Teoría de los efectos limitados. Según Mauro Wolf su problema principal siguen siendo los efectos, pero no en términos de manipulación y propaganda sino de influencia, y no solo de los medios sino en términos más generales. Esta corriente relaciona los procesos comunicativos en el contexto social donde se producen. Su línea de investigación se desarrolla unida a las campañas políticas, al estudio de la propaganda y las campañas presidenciales.
Esta teoría ubica los procesos comunicativos en marcos sociales complejos, pero entre sus desventajas se encuentra la tendencia a medir los efectos a corto plazo, intenta cambiar en un tiempo breve las ideas, opiniones y modo de obrar de la gente, según los especialistas que se basaron en la sociología.
Un paso de avance fue la superación de las anteriores teorías por la funcionalista y su hipótesis de los usos y gratificaciones. La diferencia esencial con las teorías precedentes es el hecho de que la pregunta de fondo ya no es sobre los efectos sino sobre las funciones de los medios en la sociedad. Hay un abandono de la idea de efecto intencional y se centra en las consecuencias objetivamente demostrables. Además, ahora se tiene como referencia, la situación habitual de producción y difusión cotidiana de mensajes. Se relaciona el consumo, el uso y por tanto los efectos de los medios, con la estructura de necesidades que caracteriza al destinatario.
Según los teóricos, significa el paso de transición entre los estudios de los efectos a corto plazo y las hipótesis sobre los efectos a largo plazo. Cambian la pregunta de ¿qué le hacen los medios a las personas? , y plantean otra: ¿qué hacen las personas con los medios? Aquí ya hay un reconocimiento del papel activo del receptor, el cual busca satisfacer determinadas necesidades informativas y recreativas en los medios. Por lo tanto, como aspecto positivo tiene que analiza la actitud selectiva del receptor y la revaloriza, al constituir un elemento esencial, aunque puede incurrir en aspectos negativos, tales como la excesiva subjetividad con que se maneja la gratificación de necesidades.
Entonces, ¿qué pasa en la actualidad con relación a todos estos estudios precedentes? Tal parece que se hubiera hecho una involución en materia de comunicación. La sobresaturación de la información lleva a la desinformación. Los medios dominantes, con sus modelos oligárquicos consumistas crean necesidades ficticias en el público, y lo manipula, persuade, influye en él y hace que funcionen los medios sobre él, con los efectos deseados por una élite poderosa. Los seres humanos son estudiados como una masa nada inteligente y sin capacidad para relacionarse entre sí y tomar decisiones. A la vez, y contradictoriamente, son estudiados psicológicamente desde su individualidad para ofrecerles un sinnúmero de opciones que no necesitan consumir.
La moderna “incomunicación” obvia los sucesos sociales que no reportan ganancias, entonces, la construcción de la realidad está mediada por el factor dinero y en mayor medida por la política. Ahora bien, si hay grandes sumas de por medio, cualquier tema es susceptible de ser llevado a la palestra pública, aún si se pone a un lado la ética periodística.
Los “incomunicadores” sobresaturan de información al público si la noticia reporta ganancias. Sin embargo, algunos problemas sociales de interés general, pero sin ningún beneficio económico, no son supuestamente favorables de llevar al receptor. La gratificación que dan al público es meramente superficial, no le dicen cómo pensar, pero sí sobre qué pensar, de una forma parcializada y subjetiva, jerarquizada.
El filósofo Herbert Marcuse, figura brillante de la escuela de Francfort, escribió sobre esta problemática, y aunque no la llamó teoría de la Incomunicación, sí coincidimos con sus análisis.
Con El hombre unidimensional, Marcuse pretende desenmascarar las nuevas formas de la dominación política: bajo la apariencia de racionalidad de un mundo cada vez más conformado por la tecnología y la ciencia, se manifiesta la irracionalidad de un modelo de organización de la sociedad que, en lugar de liberar al individuo, lo sojuzga. La racionalidad técnica, la razón instrumental, han reducido el discurso y el pensamiento a una dimensión única que hace concordar la cosa y su función, la realidad y la apariencia, la esencia y la existencia. Esta “sociedad unidimensional” ha anulado el espacio del pensamiento crítico. Según Mattelart, otro gran estudioso de la comunicación, uno de los capítulos más incisivos trata del «lenguaje unidimensional» y hace amplias referencias al discurso de los medios de comunicación. Empieza la escuela de pensamiento que critica un mundo en el que la instrumentalización de las cosas acaba siendo la de los individuos.
Diversos teóricos ven una “refeudalización” de la sociedad. Con ello asumen las exposiciones sobre la manipulación de la opinión, la estandarización, la masificación y la individualización del público. El ciudadano tiende a convertirse en un consumidor con un comportamiento emocional y aclamador, y la comunicación pública se disuelve en «actitudes, siempre estereotipadas, de recepción aislada».
Pero no todo está perdido. También existe la contrapartida ética, que trata de llevar a los receptores la difícil categoría de verdad. Esos son los que estudian la Mass Comunication Resarch y toman todo lo bueno, lo aprovechable, lo inteligente. Quizás son también los que superan estas teorías y la llevan al campo de la cultura, los que tienen sentido de pertenencia con una humanidad global. Son esos también los que se reúnen en encuentros como los de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social, para intercambiar experiencias, llegar a un consenso en los planes de estudio, valorar el papel de la comunicación en la sociedad del conocimiento, no de la desinformación. Son, simplemente, los que echan a un lado la supuesta teoría de la “Incomunicación” y se plantean desafíos para realizar correctamente la comunicación en su acepción más sublime, para hacer una verdadera comunicación social.
octubre 27, 2009
Breves apuntes sobre la Teoría de la Incomunicación
octubre 26, 2009
La Comunicación en la Sociedad del Conocimiento
Marita Pérez Díaz
El XIII Encuentro Latinoamericano de Facultades de Comunicación Social tendrá lugar por primera vez en Cuba del 19 al 22 de octubre en el Palacio de Convenciones de La Habana y es, además, el evento en materia de comunicación más importante de este año, indicó Julio García Luis, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.
“Que este encuentro se celebre en Cuba resulta relevante, porque encierra un reconocimiento a nuestro país por su desarrollo en el campo de la comunicación y, aunque no es el típico de los países de América Latina, dentro de la diversidad del área merece respeto y consideración”, explicó García Luis, también presidente del comité organizador.
Según el decano, este no es un evento mediático, sino académico, sobre la formación de los comunicadores: “La comunicación está en el proceso de creación de su campo profesional, teórico, de investigación, y este será un espacio para intercambiar experiencias, buscar consensos, influir sobre los planes de estudio para su perfeccionamiento, a tono con el desarrollo de las tecnologías”.
Hasta el momento han confirmado su presencia 350 delegados cubanos y 750 participantes extranjeros procedentes de 16 países. Además, han sido aprobadas alrededor de 174 ponencias.
Los participantes debatirán, entre otros temas, sobre cómo concertar excelencia académica, formación humanista y desempeño ético en función del desarrollo social y el fortalecimiento de nuestras democracias en la región.
En las circunstancias actuales de Latinoamérica, expresó García Luis, “se necesita trascender el modelo transnacional y oligárquico de comunicación dominante en la región, convertido en un agente activo de la hegemonía imperialista, en un medio de dominio y de participación directa contra los procesos progresistas, como en Venezuela, Bolivia y el caso de Honduras”.
La UNESCO-Cuba y la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales (ACCS) auspician el principal evento académico de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación (FELAFACS), que se realiza cada tres años en un país diferente de América Latina.